Así fue. No estoy exagerando… Claro, es diciembre y la gente viaja; pero me pareció excesivo. Pasar siete horas por un trámite en cualquier embajada, es demasiado. En fin, nuestros vecinos tienen miedo de todo y, tonto de mí, llegué creyendo que eso de la “cita personalizada” agilizaría el asunto. ¡Ajá! Primero un par de horitas bajo el sol, en la calle. Luego, una más bajo carpas (“¿a qué clan pertenece?, ¿cuáles son sus apodos?”).
Después, otras dos vueltas de reloj para foto y huellas (ya en el interior) y, finalmente, otro par hasta llegar al cónsul. (Ventaja tuve de que lo mío era renovar Visa; además, la mujer que amablemente me atendió, tras revisar mis viejos pasaportes llenos de sellos, no preguntó nada para darme otros diez años de posibles visitas a su patria.) Si no fuera por las amistades y por la música que hay en Estados Unidos, no me aventaría semejante procedimiento, eso es seguro. Como seguro es que Bush no sabe quién fue el poeta neoyorquino Walt Whitman (nuestra Martita Sahagún acaba de confundir al Nóbel escritor hindú Rabindranath Tagore con “la escritora india Rabina Gran Tagore”). Si lo supiera (Bush), nos abriría sus puertas de par en par (por lo menos las de su corazón).
Como bien dijo Víctor Trujillo hoy por la mañana en el Cristal con que se mira: “Es verdad, no cambian nada las cosas porque Fox y su esposa ignoren quiénes fueron Borges y Tagore, pero si lo supieran, entonces sí, muchas cosas cambiarían…”. Así que les regalo las siguientes líneas del granjero Whitman… ¡Para ungirlos de poder transformador!

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también (…)
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza desenfrenada.
Walt Whitman
Traducción de León Felipe