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De Rulfo a Latin Lover.


Un verdadero estudiante de comunicación, o
comunicador, es aquel que se mete en lo
más profundo del bosque, y cuando sale,
tiene la ropa destrozada, la cara llena de
sangre y de lodo, pero trae en una cubeta,
algo que nunca nadie ha visto.

Guillermo Arriaga.

Yo tenía una pesadilla por resolver. Desde hace algunos años, sueño que sigo en el Tec, que no encuentro mi salón, que voy tarde, que no estudié o de plano que me caigo por las escaleras del edificio anaranjado. Hace una semana recibí un mail de uno de mis profesores informándome que se iba a festejar el XV aniversario de la carrera y que yo iba a recibir un premio por ser una de las ex alumnas “sobresalientes” en el rango de la comunicación. La verdad la onda “reencuentro de ex alumnos” me deprime cañón, jamás he asistido a una reunión de este tipo, pero ahora era diferente. Tenía que regresar al Tec en ese status de “sobresaliente” para vencer a mi sueño recurrente. Resulta ser que nos ofrecieron a dos amigos y a mi, pasar por nosotros en un coche que patrocinaba el evento. Ahí íbamos, León Krauze, Toño Rosique y yo en nuestro coche nuevo mientras nos cuestionábamos, ¿éste coche es porque somos “sobresalientes” o porque somos los únicos tres pendejos a quienes nadie quiso acompañar al evento y pa’ no dar lástimas nos mandaron hasta chofer?

En fin, llegamos y obviamente había muchas ansias de por medio, siempre uno se pregunta ¿quién va a estar? ¿cómo se verá? ¿qué estarán haciendo los demás? Lo cual en realidad es preguntarse ¿cómo me veré yo? Finalmente después de algunas noticias de bebés (que me dan toda la hueva del mundo) y algunos divorcios, di algunos reconocimientos y recibí el mío (de manos de Joselo, qué cosa tan extraña).
Yo seguía con mis cuestionamientos ¿qué no tiene más mérito cambiar pañales, limpiar vómitos y enseñar a leer a un niño que hacer tu programa de radio y escribir en Dixo, o en algún periódico? Supongo que es cuestión de enfoques.

Me senté con mis maestros favoritos de la carrera y pude por primera vez en la vida, soltar chingados y cabrones enfrente de ellos sin que nadie me “llamara la atención”. Guillermo Arriaga dio un discurso muy afortunado acerca de la carrera de ciencias de la comunicación y finalmente cenamos. Sin embargo, hubo algo más trágico que ver las calvas de mis ex compañeros, los maridos de mis ex amigas y lo escuincles que se ven los nuevos estudiantes: no había chupe. Coño, no pido ni siquiera whiskeys, pero de menos un vino, aunque sea peleón, para acompañar la cena. Pues no, nada de chupe. La fiesta, por lo mismo, terminó temprano y nosotros, los amigos (o los borrachos) nos fuimos a echar unos quiebres a un bar en San Ángel. Te das cuenta de quienes son o pueden seguir siendo tus amigos mientras menos “qué andas haciendo ahora” hay y la plática se basa más bien en las cosas que hiciste ayer, o la pendejada que alguien dijo en ese momento. La plática fue de Rulfo a Latin Lover sin ninguna contrariedad.

Hoy, con un poco de dolor de cabeza, varios recuerdos y la típica invitación de “nos vemos la semana que entra pa’ cenar”, les comparto, queridos lectores de Dixo, la certeza de que jamás volveré a tener una pesadilla recurrente en las instalaciones del Tec, y que por más que me quejé durante años de su sistema, hoy aprecio mucho que me hayan dado este reconocimiento.

Muchas veces, en la vida profesional te rompes la madre para que alguien se de cuenta del esfuerzo que haces y de los resultados que tienes y jamás lo logras, sin embargo, es bueno saber que hay algo o alguien con quien no contabas que te va a hacer sentir que vale la pena el esfuerzo.

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