Hace algunos meses escribí acerca de un libro en el cual se decía que hay dos tipos de personas en el mundo, las que creen que hay dos tipos de personas en el mundo y las que creen que el mundo no se puede dividir en solamente dos tipos de personas.
Sigo coincidiendo con la segunda opción, pero, de pronto encuentro que en algunas situaciones sí hay dos tipos de personas, y francamente aunque algunas les parezcan banales, hoy en día me resulta imposible convivir con las que corresponden a alguno de estos dos rubros.
Los que creen que los bloqueos de López Obrador son el camino, y los que no.
Los que confirman su amor con un anillo y los que lo confirman después de sobrevivir una infección intestinal.
Los que compran discos para presumir sus bocinas y los que compran bocinas para escuchar sus discos.
Los que creen que una cocina sucia es un asco, y los que creen que una cocina sucia es un inevitable y eterno resultado del lunes (o del martes, o del miércoles).
Los que creen que es mejor una cena romántica en un restaurante caro y los que prefieren un sandwich y una botella de vino en la azotea en una noche sin lluvia.
Los que buscan la felicidad y creen que se encuentra igual que un zapato bajo la cama y los que son felices buscando.
Los que piensan que hablar de las cacas de sus bebés en la mesa es tierno, y los que piensan que la caca es caca sin importar de quién venga.
Los que comen porque es hora de comer, o porque tienen hambre.
Los que aman a los perros y todos los demás
Los que creen que Shakira sí neto se ve sexy contorsionándose y los que sienten pena ajena por ella.
Los que piensan que el sexo es un pecado y los que piensan que el sexo es una bendición.
Los que creen que la caída de Juan Gabriel fue algo increíblemente cagado y los que se sintieron mal por él.
Seguramente ustedes tendrán sus propias categorías de cosas con las que simplemente no pueden lidiar o con las que de identifican, bienvenidas.