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Marca Re-registrada.


En : Eventos

El mundo de la publicidad ha cambiado totalmente respecto a la manera en que se llevaba a cabo años atrás. La publicidad no tradicional ocupa los espacios mediáticos hoy en día y ya no basta con pagar spots que suenen o que se vean en todos lados, para penetrar al público objetivo. Ahora hay que vestir la marca, portar el producto, usarlo frente a todos y consumirlo a manera de ejemplo, naturalmente y casi casi sin querer. Hay maneras diversas de hacerlo y algunas francamente son más que ridículas.

Hace un par de semanas fui al cine y minutos antes de empezar la película, segundos antes de que empezaran los cortos, un tipo se levanta de pronto y exclama: “¡Disculpen la molestia, hay algo que quiero compartir con ustedes!” El señor se veía en sus 40, ya avanzados y venía acompañado de la que parecía su esposa; vestía de manera sport (ya saben, como “de viernes”) y se veía muy serio. La emoción que aparentemente contenía, estaba a punto de salir a flote y los que presenciábamos la escena esperábamos lo peor. Me imaginé por un micro segundo que iba a abrirse la chamarra y que nos iba a confesar que estaba conectado a alguna bomba o algo parecido. “Afortunadamente”, tomo aire y dijo las siguientes palabras más o menos así: “Hace un tiempo, tuve un accidente y los doctores me habían dicho que no quedaba de otra más que realizarme una complicada operación. Un amigo me recomendó ir a ver a Shaya Michán (¡!) y con sus técnicas y originales métodos me sometí a un tratamiento por algunas semanas. Hoy, los doctores, inexplicablemente para ellos, me dijeron que mi problema había desaparecido y que ya no era necesario operarme. Shaya me salvó. Perdón por esto, pero necesitaba contárselo a alguien.” Aplausos. Eso fue lo único que todos atinamos a hacer… aplaudir.
Ya acabada la película, vino la reflexión. No tenía mucho que me habían contado de un comercial interactivo (ahí mismo en el cine) en donde un hombre en la pantalla se hacía un cuestionamiento e invitaba a alguien del público a contestarlo (o algo así). La onda es que neta se paraba alguien del público y de la nada le daba replica, de manera muy casual. ¿Raro? Sí. ¿Pagado? Obvio.

Dentro de todo este embrollo, el otro día me quedé pensando en el asunto de las marcas y de cómo poco a poco nos queremos separar más de ellas. Al final del día, la única marca a la que queremos estar pegados es a nuestro nombre propio o a nuestra propia empresa.

¿Y qué pasaría si nos dedicáramos a promocionar nuestra propia marca? No la de nuestra empresa, sino la de nuestro ser, nuestra persona en pocas palabras. Un amigo un día me dijo que él trabajaba para “Fulanito Inc.”, y que lo mejor que yo debería hacer en toda mi vida laboral, era trabajar para Alex Franco Inc. Entiendo la metáfora y trato de seguirla al pié de la letra (aunque no siempre se puede), pero me quedé pensando, ¿qué pasaría si empiezo a manejar mi marca como se manejan las demás? Un día, podría ahorrar el suficiente dinero para comprar mi propia pauta radiofónica o televisiva (como el Dr. Simi) y ser el sponsor de varios eventos, con el mero fin de que mis contratantes me vean y sepan de mi existencia… o nomás por brandear.
Ya lo veo y lo escucho:
“La entrega de Premios MTV es patrocinada por… Alejandro Franco”, mientras sale mi logo con todo y foto en pantalla.
“24 es traído a ti, gracias a Alejandro Franco”, nomás por quedar bien con mis amigos y hacer presencia de marca en un público específico.
“Alejandro Franco presenta: El final de la sexta temporada de Rebelde”, nomás por quedar bien con las chamacas.
“Alejandro Franco, patrocinador oficial del mundial de bla, bla, bla”, para demostrar que me interesan los deportes (lo cual no ocurre mucho que digamos).
¿Se imaginan?

Minutos antes de empezar la película, segundos antes de que empezaran los cortos, un tipo se levanta de pronto y exclama: “¡Disculpen la molestia, hay algo que quiero compartir con ustedes! Leí algo en el blog de Alejandro Franco y…”
¡Ja!


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