Suscríbete via RSS Síguenos en Twitter Únete a nosotros en FaceBook Nuestro canal en iTunes
 

Reflexiones en ley seca.


He vivido por más de 13 años en la ciudad de México y aún no logro acostumbrarme a los chilangos. No es que los odie como algunos tapatíos se ufanan en presumir. Simplemente es que provengo de un lugar amigable y cálido en extremo (El Puerto de Veracruz) y me sigue pareciendo extraño la falta de cordialidad propia de una gran ciudad.

Tal vez sea la actitud “gandallita” de sus habitantes, la cultura de chingar antes de que te chinguen, el continuo andar con cautela para prevenir incidentes desagradables, o esa visión centralista y patriarcal de los capitalinos que hacen que aún no haya logrado acostumbrarme del todo a la Metrópoli del Nopal.
Bueno todo este rollo para comentarles la actitud tan especial que sentí el fin de semana pasado, ya que hace mucho no me divertía tanto en el DF…

Era verano y estaba el mundial a pleno. Toda la gente parecía empecinada en ponerse hasta el moco. ¿Por qué? Supongo que porque había elecciones al día siguiente y estaba “prohibido” beber esa noche, porque era “ilegal” la venta de alcohol, porque había ley seca y “no se podia”. Así que fieles a la contra los buenos chilangos se prepararon con brío para la supuesta escasez, al fin y al cabo, ¿A quién le importa la política en época de futbol?.

Ya en el trabajo de esa tarde (poniéndo discos en una comida familiar después del partido) el alcohol corrió a raudales. Brazil perdió y la gente se triplicó en la barra dle bar.

En situaciones como esta, cuando hay niños abuelos, adolescentes y adultos, es muy difícil poner música. Tienes que ser radio éxitos o te cruxifican, así que termine poniendo a Daddy Yankee y una última de Elis Regina. Ni modo Brazil.

Salí con las carpetas de discos bajo el brazo y caminé por el Centro Histérico hacia la doble fiesta de cumpleaños de mis amigos Juanelo y Ricky.

En el camino no pude dejar de notar que todos estaban borrachos o iban para allá.

La música salía de todas partes, me sentía como dentro de un moderno carnaval azteca. Insólitamente, las patrullas transitaban indiferentes ante la algarabía alcohólica desatada.

En una de esas juro que ví abrirse la cajuela de un auto repleta de hielos, pomos y chelas igualita a la que sale en “Danzed and Confused” de Richard Linklater.

Cuando llegué a la fiesta, ya estaba concurrida. La gente se paraba en círculos que servían de “casita” para proteger sus bolsas plásticas del 7 eleven y del oxxo que contenían bebidas embriagantes. Vaya que hasta los vasos desechables sobresalían como gusanos de unicel de entre las bolsas.

Tocaron dos grupos tan malos cuyos nombres no puedo recordar y su música era exactamente igual a sus nombres. Cantaban en algún idioma que sonaba a inglés.

Mi amigo Luis observó: “Suenan como al grupo de mi vecinito cuando estan ensayando”.

Sin embargo traían buena porra y seguramente triunfarán.

Me divertía de lo lindo porque por primera vez en mucho tiempo veía a los chilangos EXPRESAR SUS EMOCIONES aunque estas fueran tan estúpidas como rebelarse ante una Ley Seca.

Decidí beber ron porque es lo ultimo que se acaba en este tipo de fiestas. Si empiezas con whisky o vodka olvídalo, sólo podrás echarte un par de tragos mientras que la noble pata de elefante siempre resiste.

Pasó el tiempo. Ya eran las 6 de la mañana y la gente no se iba, es más BAILABA.

Yo estaba pachipeda feliz y me sentía bastante sobria contemplando a los demás.

Entonces me acerqué a la barra y las ví ahí como una vision, un espectro, un espejismo, ahí se encontraban sin duda, reluciéndo: un magnífico six de modelos heladas sobre la barra. Miré a todos lados pero no ví a un posible propietario, es más estaba totalmente sola en la barra, como en el resplandor. No me lo podia creer. Todos estos chilangos a los que normalmente les tengo que estar rogando que saquen 5 varos para la vaca cuando estan en mi casa, esta noche estaban fuera de sí. Tomé 3 cervezas, una para mí y dos para mis amigos Dj´s Los Morrison y me puse a hacer cola para el baño Sanirent.

Me clavé durísimo en una calcomanía de la mujer araña con un moño pegada donde debería estar la figura tradicional que indica que es un baño de mujeres.

A estas alturas ya debería estar algo peda si no no me explico como pude entrar al baño de la mujer araña.

Salí y me dirigí de nuevo al mismo lugar para cerciorarme de que no había sido un deja vú, un sueño. Quedaba poca gente y el sol entraba por las ventanas.

No podia ser! Ahí estaban de nuevo! Otro six de cervezas modelos solas en medio de la barra!

En ese momento creo al fin comprendí la naturaleza de los chilangos.

Como buena jarocha, seguí bebiendo hasta que el sol se metió.

Dejar Comentarios