Está claro que a pesar de algunos exabruptos que ocurrieron con el perro hace algunos meses, yo amo al perro. Siempre me habían gustado los perros pero este guey es, de verdad otra cosa. Lo considero más una persona que un animal y es parte integral de mi vida aunque no sea “oficialmente” mi perro sino el hijo de Lagarto, mi novio. Sin embargo este perro-persona tenía hasta hoy un grave problema, un aliento de muerte. Un aliento que sin exagerar te despertaba y en lugar de querer abrazarlo por aparecer de la nada en tu cuarto a darte el besito de los buenos días, más bien daban ganas de correrlo no sólo del cuarto sino del edificio. No es broma, en Navidad entré a una vinatería de esas en las que se vende bacalao seco, me salí y le dije a mi novio, entra y me dices de quién te acordaste. Salió y me dijo, del perro. Ya era insoportable y una simple limpieza de dientes no funcionaba. Pero la solución a este problema fue devastador. Llegó el adorable veterinario con su mortífero equipo a mi departamento, jeringas, anestesia, tijera, trapos e instrumentos varios para rasparle el sarro de los dientes. Una cirugía real.
Después de la inyección adormecedora el perro empieza a desorbitarse, a temblar y poco a poco a perder la fuerza en las patas. Y yo sufriendo a mares. Empieza la obra de albañilería en su hocico y empieza a salir la sangre y el perro, si bien estaba sedado, no estaba inconsciente. Mi lagartijo novio también un poco verde, le sostenía la cabeza que debe pesar mínimo 5 kilos. Yo dando vueltas como esposo en la sala de maternidad. Más sangre y más desesperación. Cuando me ofrezco para relevar en la tarea de levantarle la choya al perro que estaba hasta el huevo, me dice Lagarto “se le salen las lágrimas” puta madre. Sé que el perro no estaba literalmente llorando sino que era parte del reflejo que le provocaba estar siendo intervenido en el hocico. Pero uno no puede evitar sentirse terriblemente culpable por estar participando en algo así y ver lágrimas. Y cómo explicarle al perro que era por su propio bien. Terminó la penosa odisea y nos quedamos el perro y yo solos en mi cuarto, tenía la mirada perdida, temblaba y estaba aterrado. Mi angustia no era “se va a morir” sino no poder explicarle que no había nada que temer. Me daba la impresión de estar viendo a alguien en un viaje de ácido completamente malviajado.
Estuve, literalmente hora y media sentada junto a él sobándole el lomo, diciéndole que no había problema, neto casi cantándole una canción de cuna. Después de un rato, se calmó, empezó a respirar normal y tiempo después intentó pararse todavía medio pedo. En eso, finalmente me voltea a ver y le encuentro la mirada normal, enfocada, tranquila, la de persona, le digo su nombre y empieza a mover la cola. Fuu, qué alivio, finalmente regresó . Me puse a pensar en la angustia que debe ser estar con un ser así de desvalido en situaciones no ordinarias como era la mía. De verdad qué situación tan más angustiante. Me di cuenta de cómo la mirada de un perro de verdad te puede devolver el respiro. Sé que hay mucha gente que ama a sus arañas, sus víboras o a sus hamsters, pero nada como la mirada de un perro. Mientras trataba de consolarlo en su malviaje, me cuestionaba si realmente estaba yo sirviendo de algo con mis caricias y mis cantos suaves ( ah, había dicho que casi casi le cantaba, pero no, sí le canté) jajaj, pero una vez que ya caminó, me vio, movió la cola y todo, se acostó otra vez en su cobija, y cuando yo me senté junto a él, se aventó un suspirazo al estilo de Verónica Casto en Los ricos también lloran, y me puso la pata en la pierna. Qué cabrón, yo sabía perfectamente bien lo que me estaba diciendo.
HOLA QUE TAL, PS ESTA CHIDO TU POST ESTE DEL PERRO NUNCA ME HABIA REIDO, CONMOVIDO, JAJAJA ESTA TAN KAGADO, PS QUE CHIDO QUE EL PERRO-PERSONA YA ESTA BIEN, YO TAMBIEN TENGO UNA MASCOTA PERRA, ES COMO MI HIJA SI SE LO QUE SIENTES CUANDO UNO LOS VE ASI, PS SIENTES COMO IMPOTENCIA.
PS, YA ME VOY ME SALUDAS AL PERRO PERSONA, PS DESDE AQUI MI PERRA Y YO NOS DESPEDIMOS
hola en este momento estoy en mi clase de laboratorio de electro y anque me acaban de cajetear, pues, claramente me estoy haciendo buey, quiero contar algo relacionado pues las historias de mariana siempre son muy buenas y personalmente me ponen de buen humor. la historia tiene que ver con mi perro que se llama estopa (temos un taller mecanico) tiene gastritis y yo no se porqué, pues siempre anda como loco desatado, literalmente, y esto causa algunos problemas pues debemos estar cuidando que no muerda a los clientes del taller o que robe los mandados de las señoras y peor cuando llega apestoso (a perro muerto pues se frota con ellos para el despeluse) o lastimado. Decía no saber porque tiene gastritis si mucha gente del mercado lo conoce y felizmente lo alimenta por nosotros,pero el problema es cuano regresa al taller pues a este le encanta cantar oaxaca por todos los rincones y a descoserce de forma tan anormal que los clientes llegan a pensar que uno es el marrano, pobre de estopa pues es una buena compañia y me gustaria llevarlo al veterinario pues, si yo siento agruras cuando me estreso, el debe sentir que se muere cada que se pone mal, se podría adivinar por la forma en que dobla las orejas y enternece su mirada cada que guacarea, pero, tendré que llevarlo yo porque al hacerle el comentario a mi papá sobre llevarlo con un veterinario el soslayadamente me respondió , pues llévalo, y aunque me duele gastar el varo ya lo estaré llevando…un día de estos.