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Nalgas Sangrantes.


En : Salud

El título ideal para este post lo acuñó Ricardo Zamora en uno de sus posts pasados: Superdomingo Sangriento, pero éste título queda más ad hoc para explicar mi situación actual.

Todo empezó el sábado pasado. Tenía programada una cirugía para quitarme un tumor (benigno) en la nalga izquierda, y después de una agitada noche de viernes fui al consultorio del doctor para por fin quitarme la protuberancia que ya hacía unos meses llevaba molestándome.

Sábado por la mañana.

Doctor: “Pantalones abajo”
Baxter: “¿Todo?
Doctor: “Sí, ni modo de operarte con ropa, ¿no?

Después de esa inteligentísima respuesta, no me quedó más que quedar flojito… flojito y cooperando. Tenía que hacerlo.

Ya con los pantalones y el pudor en los tobillos el médico concluyó.

Doctor: “Mmm… no, tendré que hacerlo hasta el lunes… no tengo la sutura adecuada y te puedo lastimar”.

Y regresé a mi casa… aun con el tumor en la nalga izquierda… a prolongar la agonía. A esperar al lunes.

Lunes por la tarde.
Baxter: “¿Ahora si ya todo listo doc?”
(Nunca he entendido por qué a los doctores les gusta que les digas doc, pero crea un lazo de confianza.)
Doc: Si, todo listo. Pantalones abajo. No te preocupes, ahora sí te traje una bata.
¡Vaya, eso hubiera facilitado las cosas desde el principio!
Y ahí iba de nuevo mi pudor, junto con mis pantalones y el tumor. La cirugía no duró más de 30 minutos, anestesia local y una conversación forzada por el doctor para que yo no pudiera escuchar los tijeretazos sobre mi piel. De todos modos los escuché.

Baxter: “¿Ya? ¿Eso fue todo?
Doctor: “Sí, vienes el domingo para que te quite los puntos. Todo listo. Puedes pasar con la secretaria para ver lo de los honorarios.”
El “doc” había olvidado mi nombre, casi olvida colocarme los vendoletes, pero los honorarios, así como el dos de octubre… esos no se olvidan.

Y mi semana transcurrió incómoda. No podía sentarme cómodamente, tenía que tomar poderosos antibióticos que me apendejaban durante el día, tampoco podía dormir del lado izquierdo. La herida necesitaba más cuidados que un recién nacido. Pero valía la pena, ese tipo de cosas médicas no se pueden pasar por alto.

Lentos pasaron los días hasta llegar al domingo. El día del Super Tazón. El día en el que me liberaban de los antibióticos y los dichosos e incómodos puntos de sutura.

Domingo por la mañana.
Doc: “Pantalones abajo”
Baxter: “¿Todo?”
Doc: “… pues… sí”

Ya para ese momento no importaba… lo único que quería era salir de ahí y nunca volver. Y fue en ese momento cuando el doctor exclamó una de esas palabras que solamente los médicos entienden:

Doc: “Maravilloso”

¡Qué mierdas tiene de maravillosa una cicatriz! De entre todas las palabras del diccionario, creo que el término “maravilloso” no se puede acuñar a una nalga en vías de cicatrización.

Doc: “Muy bien, tienes buena cicatrización. Esto no tarda más de cinco minutos.”

Y cuatro minutos, treinta y dos segundos después el “doc” terminó.

Doc: “Listo, ya te puedes ir a ver el Superbowl. Yo me voy a echar una Sol Brava con unas carnitas. Ando bien crudo.”

Y salí del consultorio, se sentía extraño, y a la vez feliz. Sin puntos en la nalga, sin incomodidades a la hora de sentarme… eso iba a cambiar algunas horas después, cuando a la hora de la comida mi sonrisa se desvaneció y la herida en mi nalga izquierda comenzó a sangrar… sin parar.

El desenlace de esta trágica historia –con más suturas, más sangre y más subidas y bajadas de pantalón- en el siguiente post.

baxterarrobadixopuntocom

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