Aunque no puedo dejar de mencionar al Marqués de Sade, en este escrito voy a centrarme en otro gran maestro: Georges Bataille
Dos de sus libros me revolucionaron.
La Historia del Ojo y Madame Edwarda
Si vas a leer estas dos novelas, sigue leyendo, sino no tienes mi permiso. Congelada.
Veamos algo del pensamiento de Bataille:
A muchos el universo les parece honrado; las gentes honestas tienen los ojos castrados. Por eso temen la obscenidad. No sienten ninguna angustia cuando oyen el grito del gallo ni cuando se pasean bajo un cielo estrellado. Cuando se entregan “a los placeres de la carne”, lo hacen a condición de que sean insípidos.
Pero ya desde entonces no me cabía la menor duda: no amaba lo que se llama “los placeres de la carne” porque en general son siempre sosos; sólo amaba aquello que se califica de “sucio”. No me satisfacía tampoco el libertinaje habitual, porque ensucia sólo el desenfreno y deja intacto, de una manera u otra, algo muy elevado o perfectamente puro. El libertinaje que yo conozco mancha no sólo mi cuerpo y mi pensamiento, sino todo lo que es posible concebir, es decir, el gran universo estrellado que juega apenas el papel de decorado. *
El erotismo nos enfrenta a la problemática humana por excelencia, a una discordancia que no se resuelve, porque resolverla sería cancelar lo que anima la vida.
Nunca, humanamente, aparece la prohibición sin una revelación del placer, ni nunca surge un placer sin el sentimiento de lo prohibido.
En Madame Edwarda: Jamás vi mujer más bella ni más desnuda.
Y puesto que, en la muerte, al mismo tiempo que el ser nos es dado, nos es quitado, debemos buscarlo en el sentimiento de la muerte, en esos trances intolerables en los que nos parece que morimos, porque el ser ya no está en nosotros más que como exceso, cuando coinciden la plenitud del horror y la del gozo.
El erotismo es el problema por antonomasia. En tanto que es un animal erótico, el hombre es para sí mismo un problema. El erotismo es nuestra parte problemática.
La pasión de los amantes, lleva consigo un desorden violento que revela la significación plena del éxtasis del deseo.
“El punto de encuentro de los amantes es el delirio de desgarrar y ser desgarrado. Ninguna comunicación es más violenta”.
- Georges Bataille -
Los dejo con algo de Madame Edwarda.
En medio de un enjambre de muchachas, desnuda Madame Edwarda sacaba la lengua. Ella era, para mi gusto, encantadora. La elegí: ella se sentó cerca de mí. Apenas tuve tiempo de responder al mozo: tomé a Edwarda que se abandonó: nuestras bocas se juntaron en un beso enfermo. La sala estaba abarrotada de hombres y de mujeres y tal fue el desierto donde el juego se prolongó. Un instante su mano se deslizó, y yo me quebré de pronto como un vidrio, y temblé en mis pantalones; sentí a Madame Edwarda, de quien mis manos contenían las nalgas, ella misma al mismo tiempo desgarrada; y en sus ojos más grandes, dados vueltas, el terror, en su garganta un largo estrangulamiento. Me acordé que había deseado ser infame o, más bien, que hubiera sido necesario, de toda fuerza, que eso ocurriera. Adivinaba risas a través del tumulto de las voces, las luces, el humo. Pero nada contaba ya. Apreté a Edwarda en mis brazos, ella me sonrió: enseguida, transido, volví a sentir en mí un nuevo choque, una suerte de silencio cayó sobre mí de lo alto y me heló. Era elevado en un vuelo de ángeles, que no tenían cuerpos ni cabezas, hechos de deslizamientos de alas, pero era simple: me volví desgraciado y me sentí abandonado como lo estás en presencia de Dios. Era peor y más loco que la embriaguez. Y ante todo sentí una tristeza ante la idea de que esta grandeza, que caía sobre mí, me robaba los placeres que yo contaba con Edwarda. Me encontré absurdo: Edwarda y yo habíamos cambiado dos palabras. Experimenté un instante de gran malestar. No hubiera podido decir nada de mi estado: ¡en el tumulto y las luces, la noche caía sobre mí! Quise atropellar la mesa, tirarlo todo: la mesa estaba empotrada, fijada en el suelo. Un hombre no pudo soportar nada más cómico. Todo había desaparecido, la sala y Madame Edwarda. Sólo la noche… La segundona tomó mi dinero, me levanté y seguí a Madame Edwarda cuya desnudez tranquila atravesó la sala. Pero el simple pasaje de en medio de las mesas abarrotadas de muchachas y clientes, ese rito grosero de la “dama que sube”, seguida por el hombre que le hará el amor, no fue en ese momento para mi más que una alucinante solemnidad: los talones de Madame Edwarda sobre el suelo embaldosado, el contoneo de ese largo cuerpo obsceno, el acre olor de mujer que goza, humeando para mí, de ese cuerpo blanco… madame Edwarda iba delante de mí… en nubes. La indiferencia tumultuosa de la sala a su felicidad, a la gravedad mesurada de sus pasos, era consagración real y fiesta florida: la muerte misma era de la fiesta, en eso de que la desnudez del burdel llama al cuchillo del carnicero. “
Madame Edwarda, 1937
Hola Congelada:
Simplemente… ¡sublime!.
Y es que, todo lo que se refiere al amor, al sexo, a los amantes, etc. es MARAVILLOSO!
Aunque es una frase muy trillada: “HAGAMOS EL AMOR y NO LA GUERRA”.
Saludos Conge!!
ORALE, NO CONOCIA A ESTE AUTOR PERO HOY MISMO LO BUSCO!!!!
Argumentos de personas inteligentes, que buscan justificar ante si mismos sus malas mañas. Gente que no conoce el respeto a si misma y mucho menos a los demás.
Ay, Edgar qué imbécil eres!
Encaje Celeste
Hola Congelada:
Escogiste a 2 muy buenos autores. En estos pequeños fragmentos, nos demuestran dósis de filosofía, realismo, nostalgia y ternura.
Me gustó…!
Saludos Conge, hasta la próxima…!
En cuanto a Edgar:
No entiendo a que viene tu comentario infantiloide…???
Para empezar, sabes que el blog de la congelada es “PARA ADULTOS” y si nó tienes un comentario adecuado al blog, pues mejor ni escribar, te haces tonto tu solo. Además:
“NADA ES VERDAD, NADA ES MENTIRA… TODO ES SEGUN EL COLOR DEL CRISTAL CON QUE SE MIRA”.
Te lo traduzco: Que si tienes una mente cochambrosa, pues todo lo miras con cochambre.