Todos tenemos problemas. Y a veces creemos que los nuestros nadie los comprende. Nadie entiende su magnitud. Y se vale ¿eh? Digo, después de todo, mientras que los económicos son los más graves para unos, para otros no lo son tanto como los sentimentales, los familiares o los laborales. En efecto, nadie nunca va a entender…pues no son nosotros.
Pero no hay nada como un putazo de realidad, una pastilla de “Ubicatex“, una noche que comenzaría con un nuevo episodio de “Lost” y terminaría en el hospital. Series como “ER“, “House“, “Grey´s Anatomy” y más nos presentan casos extraordinarios, dramáticos, de vida o muerte pues. Y si bien es cierto que sucesos como estos no suceden en cada guardia, el papel de las series es elevar la barra para hacerlos interesantes. Digo, una serie llamada “Sala de Espera” estaría de hueva y no llegaría ni a un cuarto de temporada. Y es precisamente en la sala de espera donde ocurren estas imágenes, esta secuencia de eventos que echan a volar la imaginación pero que se detiene antes de llegar a las escenas sangrientas, de pesadilla, de esas que hemos visto en el cine y en la televisión, y algunos otros, vivido en carne propia, valga el término. Sí, a veces conviene más no llegar hasta allá. Pararnos en seco, voltearnos a ver, ver a nuestro familiar, analizar nuestro propio problema y decir “bueno, por lo menos fue un brazo roto y esperemos que no pase a mayores“. Es precisamente en la sala de espera donde se encuentra un rídículo letrero que dice “Prohibido dormir en el suelo o en las sillas de la sala de espera”. Por supuesto, de las 15 o más personas que habemos ahí, hay por lo menos cuatro que hacen caso omiso de la instrucción. Por supuesto también, nadie tiene el corazón para despertarlos y decirles “Señor, no puede dormir aquí“.
Dos enfermeros salen hacia el área de pits donde llegan las ambulancias. En el camino alcanzo a escuchar: “Que se cayó de tres pisos me dijeron“.
Es por esa misma puerta por la cual entra una señora flaquita y chaparrita. Con un pants viejo, roto y sucio. Suena su celular y nuevamente paro oreja: “No Jorgito, no tiene caso que vengan hasta que no me digan qué es lo que tiene…No, Jorgito, a ver ahorita que salga….Es que no sé a que hora salgamos, además la casa es un desastre, está toda llena de sangre…“. Y entonces me doy cuenta que las manchas de su pants, no son de tierra, sino de sangre seca. Nuevamente mi imaginación pone freno de mano y creo que no queremos saber qué es lo que habrá pasado en esa casa. Es precisamente en la sala de espera, donde, supongo, que después de la adrenalina y el shock, viene la asimilación de los hechos. Es ahí, sentada, donde la señora se sienta, se quiebra y se le humedecen los ojos. Seguramente recreando lo que acaba de pasar en las últimas horas e imaginando qué es lo que viene.
Es en otro hospital donde presencio otros sucesos, enfermedades, e historias. Es la misma noche, pero en dos delegaciones diferentes, y en dos servicios diferentes. Es en este donde una señora anuncia que trae a su esposo pues acaba de entrar en una crisis nerviosa. El señor no deja de rascarse la cabeza con ambas manos y bufar como toro. Es en este lugar donde hay varias personas esperando ver a su amigo, familiar, pareja. ¿Cuánto tiempo llevan ahi? No sé, pero algunos hasta trajeron una silla de su casa, además de un par de almohadas, para esperar a que sean nombrados los apellidos del atendido. Es ahí donde paso al área de urgencias y como en película futurista, hay dos bancas con unas 6 personas sentadas, una al lado de la otra, sin espacio vital entre ellas, cada una conectada a un suero. Como si los estuvieran drogando, clonando, drenando…. aunque la verdad es que sólo, están reposando, recuperándose, a pesar de las circunstancias y de las no óptimas instalaciones del lugar. Es en este lugar donde el folio 006 se repitió por lo cual no sabíamos cuál era el status de nuestro caso. A final de cuentas, el folio correcto era el 003.
La noche termina. Una noche en la que pensé que dormiría en mi cama como casi siempre y termina con un edredón, una pequeña almohada y un futón. Una noche en la que, mi último pensamiento fue…Sí, tengo algunos problemas, pero tus problemas son más grandes que los míos.