Temiendo, como siempre, lo peor, me despierto ya un poco resignada. Yo que soy la reina de las expectativas me doy cuenta de que de este día sólo tengo pensamientos fatalistas. Llego a mi primer destino, un lugar desconocido en donde debo hacer una chamba muy importante con gente también desconocida. Me siento como en un primer día de clases en escuela nueva, yo que agradezco día con día no tener que ir nunca más a la escuela, ahí estoy siendo “la nueva” la que pregunta cada diez pasos dónde está el edificio que busca, la que llegó demasiado temprano, la que se sienta sola en un lugar a tomar un café y se siente observada (nadie la ve), la que sospecha que va a recibir hostilidad por parte de sus nuevos compañeros porque la chamba que va a hacer es un extra para ellos que, por supuesto, no será remunerada y ellos no la pidieron.
Pero, sorpresivamente aparece una persona que no conozco y me dice “Hola Mariana, bienvenida, ¿vienes a maquillaje verdad?, yo te llevo” dice que me conoce de Imagen pero en realidad nunca habíamos hablado, me desea suerte y se va. Me dan ganas de abrazarlo pero sería un poco exagerado y solo le agradezco muy sinceramente su ayuda. Más adelante llega el equipo que me va a acompañar a hacer lo que espero que se convierta en una chamba extra, (no es que vaya a renunciar al trabajo que tengo). Sorpresa número dos, son a toda madre, uno de ellos escucha mi programa y dice que le gusta, pone una buena canción en su coche y me pasa lo que siempre me pasa cuando la primera canción que escucho en el día me gusta, me da la sensación de que será un buen día. No creo en las patas de conejo, ni en los ojos de venado ni en los tréboles de cuatro hojas, pero sí creo en la primera canción del día. La elección de una canción te dice mucho más de una persona que sus credenciales, su aspecto, su ropa.
Los permisos para grabar están en orden, la gente de seguridad es muy amable (casi increíble) mi entrevistado habla de pocamadre y termino mi nota en tiempo y sin equivocaciones de por medio. Esta pequeña familia que se crea y se desintegra en un lapso de tres horas, resulta ser una familia funcional y eficiente y nada me hace más feliz que eso.
Reviso mi computadora y llega el mail que tanto estaba deseando recibir, el dentista me cancela la cita (créanlo, aunque es una hueva re agendar ese tipo de citas, siempre es un alivio posponerlas) y al llegar a mi casa encuentro en la mesa de la cocina dos tortas ahogadas que mi novio tuvo el detallazo de comprarme.
A veces ser fatalista sirve. Del resultado del trabajo de hoy les informaré muy pronto, pero el resultado del día es en este momento lo que vale. Hay mucha gente en estos momentos que, como yo, están teniendo esos primeros días de clase en escuela nueva. A veces nos va bien, a veces nos va mal, pero es siempre muy importante percibir todas esas primeras impresiones e imprecisiones, esos primeros pasos dentro de un lugar que probablemente muy pronto serán los pasos rutinarios, las caras de todos los días, las bromas ya conocidas y hasta los conflictos que siempre vienen. Es cuando estás ya en esa cotidianeidad cuando, de pronto, volteas a ver a un “comesolo” o “comesola“, alguien que a leguas se ve nervioso, desorientado y temeroso de que todo salga mal.
Esa eras tú hace unos meses ….¿qué vas a hacer?