¿Qué nos lleva a hacer una cosa o la otra? ¿Qué nos hace elegir uno u otro camino? La educación, el entorno, la experiencia y las vivencias. Todo esto y más, seguramente… Y resulta curioso analizarlo y pensarlo. No por nada desde las creencias mitológicas hasta la más moderna psicología se ha encargado de estudiarlo y procurar darle respuesta.
Comparto dos ejemplos de esto con ustedes, que ocurrieron en no menos de 24 horas
Son las 8:30 P.M. Estoy caminando por Xola. Creo así me seguiré hasta mi casa, pues no estoy tan lejos. Al doblar en Cuauhtémoc, siento cómo un sujeto también comienza a avanzar. Siento que viene detrás de mí. Coincidencia pues, no hay que paniquearse. Pero hay cierta mala vibra que no está padre. Y lo siento que ahí viene, no muy lejos de mí. A ver…voy a desacelerar el paso a ver si el wey me pasa… Mmmta. No. Volteo de reojo y el wey también se atrasa para seguir detrás de mi. Chale. Traigo en una mano unos libros y del otro lado, mi mochila con mi compu. No, pues no está padre. Me freno en seco en una esquina para mejor tomar un pecero y no meterme en pedos. El tipo me adelanta…pero se voltea. “¿
Por qué me vienes siguiendo, cabrón?” me dice. “
¿Qué?!! No mames! ahora me la quiere voltear!” pienso…. “
No ¿eh? Yo voy a tomar el pecero” le digo. “
¡No mames! ¡Conozco a los de tu mafia! ¿Que te traes pendejo?” exclama el sujeto, medio pandroso, con una chamarra que le queda grande. Me le quedo viendo y antes de decirle otra cosa…”
¿Quieres unos putazos verdad?”. Se me acerca y todavía pienso “
Naaaa, no me va a pegar ¿verdad?”.
Una patada que conecta en la mochila con la compu. Un golpe con el puño que me da en el pecho. “
¡Oye tranquilo!” le digo. El tipo se va….alcanza a gritar algo más. Me sentí muy indefenso, por traer una mano ocupada y la otra pues preocupada por la computadora. No es por sentirme muy chingón, pero el golpe no me dolió. Pero el susto, pues sí, siempre. No vaya a ser que, por una parte, el putazo haya madreado la máquina y por la otra, que el wey traiga un cuchillo o algo peor. Me subo al pecero, que tardó 30 segundos en llegar pero claro, se hacen eternos. Y me voy. Todavía arriba me reviso a ver si no en los madrazos, me sacó la cartera o el celular, pero no.
Son las 10:10 A.M. Estoy corriendo, entrenando para la carrera Imagen 10k del domingo. Expreso un suspiro que denota ya un poco de cansancio, el cual es percibido por una persona que se me empareja, y lo volteo a ver. Es un señor de unos 75 años casi siempre corre a esa misma hora. Lo reconozco por sus lentes, con mucho aumento. Y una playera del Sindicato de no se qué, que siempre porta. “
Ánimo, ahi la llevas” me dice. Me quito uno de los audífonos para hacerle caso. “
¿Cuánto te falta?” continúa el señor. “
Como unos 10 minutos todavía…” le aclaro. “¡
Echale ganas!” expresa, antes de rebasarme y seguir con su camino. Termino mi rutina por hoy. Ya caminando y de regreso, lo veo venir, corriendo aún. Le sonrío, y me sonrié. Seguramente mañana también lo veré, y lo saludaré con mucho gusto.
Dos momentos. Dos sujetos diferentes. Dos horarios extremos. El Mal. El Bien.