Sin duda ésta sexta película en la serie de Harry Potter se ha convertido en el centro de la polémica del verano.
Estoy seguro que no fué la intención original de los responsables de llevar el libro más complejo de la serie a la pantalla grande, sin embargo el resultado era de esperarse. Vayamos por partes.
Harry Potter y El Misterio Del Príncipe Mestizo es el volumen más pesado y difícil de visualizar fílmicamente en la colección de bestsellers de JK Rowling.
En mi muy particular opinión, es el mejor libro de todos pues marca la antesala perfecta para la conclusión de una de las sagas más populares de los últimos años.
Ahora, la labor a reconocer es la del guionista (Steve Kloves) y director (David Yates) quienes tuvieron la responsabilidad de adaptar y condensar el episodio menos cinematográficos de todos en una película con duración de dos horas y media. Lo que resulta una apasionante lectura se convierte en un capítulo de tedio y con algunos baches en la narrativa.
Con esto no quiero decir que la cinta es la menos afortunada del serial, para nada (basta recordar las primeras dos películas dirigidas por Chris Columbus) sin embargo si es un retroceso en lo logrado con los últimos tres filmes (curiosamente la racha inició con el trabajo acertado del mexicano Alfonso Cuarón ), pero también estoy consciente que la labor no pudo ser mejor.
El problema de ritmo que pueda tener la cinta es consecuencia de la fidelidad con la que los realizadores abordan el texto original.
Aquí viene la pregunta: ¿Vale la pena traicionar la legión de miles de lectores por una cinta con una narrativa más hollywodense? Creo que no y por lo números registrados en taquilla hasta este momento, parece que el público tampoco.
Le comentaba a un colega al estar viendo ésta película que creo que el acierto más necesario a recalcar es el elenco escogido para interpretar estos singulares personajes.
El trío de adolescentes (Daniel Radcliffe, Rupert Grint y Emma Watson) ha crecido con la audiencia y se han convertido en un trío de muy buenos actores.
Estoy seguro que seguiremos viendo a estos tres histriones trabajar en la pantalla grande aún después de terminada la serie de películas de Potter, por otro lado, la inclusión de la “realeza actoral británica” representada en figuras como la gran Maggie Smith, Michael Gambon, Jim Broadbent y, muy en especial, Alan Rickman como el Profesor Snape, dan un toque de verosimilitud a la oscura fantasía.
Es muy extraño pues estoy consciente del aletargado ritmo de la historia en este episodio pero tampoco puedo afirmar que me aburrí, por el contrario, analizaba con atención el trabajo de disección que hizo el guionista y el realizador.
Por supuesto que sacrificaron algunas escenas que parecen importantes en el libro, sin embargo creo que las decisiones hechas fueron las correctas.
Cabe hacer una mención especial a la bien lograda secuencia que despide uno de los personajes más queridos de la saga y a la perfecta atmósfera oscura que rodea a estos tres adolescentes que empiezan a mostrar síntomas de juventud.
Probablemente la película Harry Potter y El Príncipe Mestizo vaya a ser recordada como un berrinche adolescente que previene, esperemos, un desenlace espectacular.