Poco se habla hoy en día del rastrillo para usos femeninos. Mis amigas más cercanas y otras millones de mujeres alrededor del mundo están más concentradas en otros sistemas de remover pelos indeseados. Cuando era una adolescente probé una vez el en ése entonces famosísimo Epilady; lo conecté, lo prendí, lo posicione sobre mi pierna un segundo, lo alejé rápidamente de mi cuerpo con una lágrima en el ojo y nunca más lo volví a utilizar. El Epilady se podría usar como un efectivo método de tortura no letal para interrogaciones que no se atienen a las convenciones de Ginebra. Muchas de mis amigas han decidido pasar a métodos más permanentes, como la depilación láser. A mi pobre amiga Lupita la dejaron a la mitad del tratamiento cuando desapareció NeoSkin y ya había desembolsado los 12 mil pesos del paquete de muslo y bikini. Mi amiga Cata, va en su cuarta sesión de no sé cuantas y me tuvo admitir, que a pesar de lo que dicen en los comerciales, sí duele: “pero sólo es unas cuantas veces más y ya no me vuelvo a preocupar jamás.” Siempre estará la clásica y siempre efectiva, cera caliente; es un desmadre prepararla, es un desmadre aplicársela sola, y es un peor desmadre acabársela de quitar por completo y no dejar rastros que parecen de pritt pegajoso; además está el tema que te tienes que dejar crecer los indeseables pelos para poderla usar efectivamente. Nada parece convencerme de dejar a mi viejo amigo, el rastrillo desechable, originalmente inventado en 1901 por King Camp Gillette y sobre el cual se fundamenta el emporio de ése mismo nombre.

Yo me empecé a rasurar las piernas antes de que me saliera siquiera bellos en el sobaco, tenía unos 13 años de edad. Fui la primera niña de mi salón en rasurarse las piernas (no tenía nada más que rasurarme, más que unos bellitos güeros en las pantorrillas), un acto verdaderamente innecesario en ése momento, pero fue lo primero que haría como mujer y que me acompañaría por el resto de mi vida. Me rasuro mientras estoy en la regadera (una razón más a favor de depilarse sin desperdiciar litros de agua en duchas más largas) con mi jabón normal y me gustan los rastrillos para mujeres, sólo porque son rosas o de colores más simpáticos que los de los hombres. Si se usa con paciencia, y especial cuidado en las rodillas y detrás del tobillo, el rastrillo moderno no duele ni lastima. Como bien le dice Frenchy a Sandy cuando esta a punto de perforarle las orejas en la película clásica Vaselina: “ la belleza es dolor.” Y sí, muchos artículos que enaltecen la belleza femenina son dolorosos: el brassiere con varilla que junta y levanta, los tacones que le dan buena pantorrilla a cualquier pata de chichicuilote, la quemazón de la decoloración y las permanentes, llevarse unas pestañas al desmaquillar el rimmel a prueba de agua y llegando a medidas más extremas: inyecciones, cirugías y rellenos sintéticos. El rastrillo es lo que en inglés llaman un loophole, una excepción a la norma, un caso en donde uno no tiene que pagar el costo, en donde no hay dolor y hay belleza.
En la vida hay pequeñas cosas que me causan tremenda satisfacción, como mi práctico rastrillo rosado de plástico.

por Madela Bada.
:S
=S x2
concuerdo al 100%
yo kiero de estos donde los consigo?