La otra, su rival, mostraba encantada un pantalón a la cadera muy apretado y repito, muy apretado; t shirt negra bastante brillosa, pelo negro y el mentón perforado, mirada increíble y oliendo a limón con flores de verano; la actitud más liviana ante la vida, más liviana que la mía y más aun que la de mi amigo Diego, despechado en más de seis ocasiones por la misma mujercita.
Descansando en su casa, Después de ver la televisión y tomarnos casi una botella de vodka, él, dijo convencido de esa noche,
- Está noche se improvisa, como el programa de los ochenta-, puedo llamarle a dos que recién conocí ¿recuerdas? ¿el sábado pasado?
Minutos después la sonrisa de D apareció como acto alquímico,
- ya está listo, ahora sólo esperar unos minutos a que se calienten y ya,
Una llamada de teléfono, por eso D es mi amigo, esos amigos que están en el momento justo para hacerte sentir bien de cualquier forma.
El timbre sonaba, un ring , dos ring, tres ring
- taxi para el señor Hernández,
Bajamos y el taxi ya esperaba con la puerta abierta y dos pasajeros, mi vista es mala de noche, al entrar me presenté, -D nunca presenta con nadie a nadie-, buenas noches!, dije, aquellas dos que había pensado eran ciertas y asaz de calientes,
un arrancón del taxi.
¡Siga derecho! repetí dos veces más, ¡siga derecho! ¡Siga derecho!
Sólo eran unas calles las que necesitábamos, no tuve que hacer ningún movimiento extraño, mi “muñeca de porcelana” levantó la falda de la señorita mamadera y con la mano acariciando y yendo cuidadosamente hasta la zona, se inclinó por demás, quitándole la tanga poco a poco, lamiéndole tan delicadamente los otros labios, los de abajo, metía uno a uno los dedos, sacando y embarrando el liquido en mi lengua y nuestros cuellos. Ella, la penetrada, perforada, embriagada, decidida, tomaba con sus manos la piscina de D y la mía. Así comenzó la danza de agitación y jaleo, cada vez con más fuerza conforme su “amiga” metía más y más los dedos; los vidrios del taxi se empañaron inmediatamente y los ojos del conductor no dejaban el espejo, el otro espectador más calmado, parado con su cuerpecito y su mirada de niño sobre el tablero del auto, sólo movía la cabeza de lado a lado con su bat al hombro y esa mueca entrometida, diciéndonos, sigan, sigan, sigan!.
En un momento D, decidió desabrocharle el pantalón a alguna de las dos y someterla a un infinito mar de lenguetazos y yo, con una botella de agua de la restante, intenté penetrar su “anís”, prodigiosamente se excitó más de lo normal hasta jadear-
Lo siguiente fue sin duda lo mejor, el “éxtasis” la condujo a soplar y babear nuestras piscinas, la mano de una se movía de abajo arriba, de arriba abajo y en la boca de otra entraban y salían, al momento de venirnos, justo al mismo tiempo, quise dejarle un buen recuerdo al conductor y preferí que, en lugar de que tragaran esas chicas tan hambrientas, escupieran en las ventanas, para que no diga el señor conductor que no dejo propina…
Asi, justo asi, me gusta(s) mas…
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