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Invictus, por Pedro Nieto.


En : Blogs, Cine
En primer lugar, tengo que felicitar al grupo de personas encargadas de echar a perder el nombre de las películas cuando realizan las traducciones, por dejarle el nombre original a esta cinta. Nos salvamos de posibles nombres como “Juntos por la Victoria” o algo por el estilo.
El más reciente largometraje de Clint Eastwood fue anhelado por algunos cinéfilos después de la buena calidad de películas que el director americano nos había presentado en los últimos años (Gran Torino o Million Dollar Baby). Era de esperar que Invictus fuera enérgica y original, sin embargo, temo decir que esta cinta desafortunadamente queda muy por debajo de la calidad a la que nos tenía acostumbrado el realizador de ya casi 80 años.
Invictus es la adaptación al cine del libro Playing The Enemy: Nelson Mandela and The Game That Made a Nation de John Carlin. El cual nos narra innovadoramente el arribo al poder de Nelson Mandela a la presidencia de Sudáfrica, vista desde los ojos del deporte nacional de aquél país: el rugby.
Morgan Freeman, es el encargado de darle vida al mandatario sudafricano Nelson Mandela, quien busca crear lazos entre los blancos y la gente de color en su país. Como cualquier político respetable, el mandatario busca la aceptación de la población que le ha elegido para gobernar; el reto, sin embargo, lo encuentra al tener que demostrar a la gente que ha vivido bajo la ideología del apartheid (segregación racial) que la unión y fraternidad entre todos los sudafricanos no es una decepción para la nación, sino todo lo contrario, es el cambio que el país requiere. El filme muestra cómo Mandela hace uso del empeorado equipo nacional de rugby para redefinir la identidad de su país. La meta deportiva: ganar la Copa Mundial de Rugby; la meta política: unir a una nación.




Durante la película observamos paralelamente lo que ocurre con el equipo de rugby liderado por Francois Pienar, interpretado por un aburrido Matt Damon, que con sus palabras busca sacar adelante a su equipo de la mediocridad; y por otro lado, encontramos a un sombrío Nelson Mandela, quien con sus dobles sentidos busca convencer tanto a su equipo de trabajo, como a Pienar, que lo más importante para su país es la unión.
Clint Eastwood crea la fórmula para mostrarle al espectador los ideales revolucionarios de un personaje histórico como Nelson Mandela a través del deporte.  A pesar de que la historia gira alrededor del Premio Nobel de la Paz y sus sueños de forjar una Sudáfrica unida, en ninguna ocasión la película se torna en un filme político. Sin embargo, el trabajo de Eastwood no trasciende más allá; la película bien podría ser otra más de las que muestran cómo un equipo de cualquier deporte renace gracias al liderazgo de una persona y el apoyo de sus aficionados.
El acierto de la cinta radica en el doble sentido y en las conversaciones con humor ácidas que sostiene Mandela a lo largo de la película. Acidez que no contrarresta la melosidad a la que llega este filme.

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