Estoy convencido que la locura que ha manifestado Mel Gibson en los últimos años ha servido para convertirlo en un mejor actor. Prueba de esto es Al Filo De La Oscuridad, filme que prácticamente marca el retorno de la superestrella australiana frente a las cámaras despúes de permanecer cerca de siete años sin protagonizar pelÌcula alguna. Cabe mencionar que éste semiretiro lo dedicó a dirigir una par de interesantes trabajos ( por supuesto que no entraremos en detalles ) titulado La Pasión De Cristo y Apocalypto adem·s de encabezar un par de escándalos de tabloide en los que se le relación con el alcohol y comentarios antisemitas. Mel Gibson es un tipo solo en su especie, un singular personaje que ha jugado bajo las reglas de Hollywood pero que también ha renegado de ellas, sin embargo esto no es lo que nos trae aquÌ sino su más reciente trabajo.A manera de regreso al género, Gibson protagoniza Al Filo De La Oscuridad en donde interpreta a un maduro detective ( ¡Qué novedad! ) bostoniano quien es testigo de la muerte de su hija percatándose de que Èste acontecimiento no es sino una pieza más dentro de un complicado rompecabezas en donde está involucrada la corrupción corporativa y los intereses de varios politicos de alto rango. El filme está basado en una miniserie británica de ocho horas de duración las cuales fueron compactadas por el eficaz guionista William Monaham, responsable de libretos como The Departed por mencionar algunos y Andrew Bovell quienes hicieron lo posible por resumir la compleja trama en tan sólo dos horas. El resultado es simplemente menor al serial de televisión pues el filme trata de varias cosas para concluir en absolutamente nada. Son varias líneas argumentales que, sin el tiempo necesario para su desarrollo, sólo dibujan un “thriller” convulsionado en el que los personajes deambulan y se comportan sin explicación alguna. De repente es una cinta de venganza ( muy a la Taken protagonizada por el también maduro Liam Neeson) y en otro momento se convierte en un filme de denuncia nuclear a la Sindrome De China, en fin una extraÒa mezcla de tópicos que imposibilitan un trabajo orgánico tanto en dirección como en actuación.