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Ayer.


En : Blogs, Sexo

En casa de mis padres había una pequeña sala de televisión, eso era a los 4 años. Todos los domingos –el peor día de la semana- un gran plato de jícama con cebolla, limón y vinagre definía el curso de las horas. Mis días felices se comparan a un día masticando un tubérculo lechoso y jugo amargo, fútbol en el ambiente y latas de metal que mis manos no podían doblar; un perico viejo haciendo “gárgaras” con granos de maíz gigantes, chiflaba cuando una mujer o cualquiera pasaba. Costumbres pedestres, esas fueron para mi hasta los 16.

Mi madre luego invitaba a las vecinas y fumaban, reían, mientras yo, de cuasi niño, cuasi adulto, cuasi nada, miraba y hojeaba las tarjetas ilustradas de: “el fascinante mundo de las bebidas distinguidas para toda ocasión”. Reconozco ahora, sentado frente a una botella de Macallan 18, que no era lectura habitual para un niño, cuasi niño, cuasi adulto cuasi nada, incluso no es lectura habitual para nadie, para nadie que precie de llamarse alguien.

Susana, la niña que vivía en el número 23 de la misma calle donde yo, bailaba todo el día y casi la noche en su recámara; besaba muy bien para su edad, solía acariciar muy bien para su edad. No podría hablar de amor entre ella y yo, ni mucho menos de una relación interminable,  pero qué bien era estar en su cama, oliendo su pelo y oyendo sus chistes, recordando días anteriores sonriéndome, dirigiéndome  miradas, tapándome con su cobija, besando su mano, jugando a escondernos por la casa a oscuras y besarnos todo el cuerpo.

De haber crecido juntos un poco más, quizás las cantinas no estarían en mi agenda diaria.

Pero es así, uno nace con o sin alcohol en la sangre, ¿ves?

1 Comentario a “Ayer.”

  1. avatar miguel lomas dice:

    salud! por esas amistades en las que uno no puede siquiera mencionar un “algo mas” exelentes lineas, eres grande! :)

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