Pude haber ido por un pedazo decente de carne, acompañado de ensalada, algo que se pueda nombrar sano en el menú de cualquier restaurante más caro que los baratos donde como mejor, pero se me atravesó una tienda minúscula que llevaba colgando de las faldas unas latas de cerveza con servicio rápido y no lo tuve que pensar mucho; además, también se me atravesó la noche y la lluvia me orilló de regreso al cuarto con la vieja mesa de madera que había servido ya a tantas otras emociones y que ahora me ofreció un cenicero para poner el tabaco y estar tranquilo, escuchando cómo la llovizna pisaba el silencio.
Hubiera podido ir por un tazón con sopa o un bistec, música barata, hubiera podido ver a la mesera e imaginar cómo servía la comida sin nada más puesto que el delantal, pero me ganó la tentación de volver a pensar en ti, de pensar a mi pesar en cómo va a ser todo cuando al fin te tenga en la bañera, inofensiva y desnuda para que el viento te acaricie de segundo tiempo cuando el primero lo aproveché yo con los ojos cerrados y me perdí en los señalamientos de tus quejidos sordos.
Hubiera podido perderme en ti, alguien debió avisarme.
Me acompañé de perdición, la que siempre llega cuando tus faldas son muy largas y no encuentro el camino de regreso y prefiero quedarme ahí, haciendo noches de mi desesperación.
Me acompaño de mi mismo, ahogado en las pocas palabras que recordaré de ti antes que se haga de día; mira que tomé la decisión de encontrarme contigo cuando creí que todo había sido imposible y el viento apareció oscuro y el frío le recordó a la piel que aun siente el toque de lo que no se ve, y mientras todo eso pasa nos vamos alejando como para recordarnos, saber que sí nos ocurrimos, al menos eso quiero intentar, que sepas que sí pasé contigo o que al menos, a veces, cuando camines con los brazos cruzados, sepas que te pensé cuando el mundo se acabó sobre la mesa de madera.
Me quemé los labios esa noche, me quemé los dedos, quizá me quiera quedar, pero también quizá quiera huir, quizá solo quiera que sepas que pensé en ti, que te maté un poco pero no te olvidé.
Yo ya me estoy haciendo viejo, pero te quiero en mis recuerdos, en los últimos, los primeros cuando bebo cerveza, en los que salen cuando me viene la añoranza de la calle donde te conocí, en la que decidí encontrarte metida profunda en mis ojos cerrados, al borde de mis últimas miradas, perdón si te quiero para mi último recuerdo, intento que seas lo último que viva y después, irme al carajo del infierno, donde bien he de soportar extrañarte. Donde bien he de soportar no tenerte.
…….me latio.