El segundo encuentro del poeta Javier Sicilia con el presidente Calderón que tuvo lugar en días pasados en el castillo de Chapultepec, y se dio en el contexto del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Presentó a un Calderón más dispuesto al diálogo, admitiendo errores y deficiencias y en una aparente actitud conciliadora.

El movimiento de Sicilia, que ha sufrido el desgaste que suele provocar la nula o al contrario la sobreexposición mediática –depende el medio que uno guste consultar–, y que en un primer encuentro no pudo definir propuestas y compromisos claros, volvió a solicitar un cambio de estrategia en el combate a la delincuencia, el regreso de militares a sus cuarteles y la creación de comisiones de la verdad para esclarecer los miles de asesinatos cometidos en la presente administración.
Calderón por su parte admitió que habría que corregir alguna palabra mal puesta en el nombre de la Procuraduría Social de Atención a Víctimas del Delito, cambiarlo por “víctimas de la violencia”, externó que existen problemas de coordinación entre las acciones de carácter local y federal (problemas de diseño, Calderón dix it), manifestó el respeto a los derechos humanos y las garantías individuales como uno de los ejes de su estrategia y como la hecho a últimas fechas, se dedicó voluntaria o involuntariamente a cantinflear a lo largo de la reunión.
En momentos en los que distintos medios y personalidades internacionales planteaban un cambio total de estrategia como salida al callejón de la violencia en México, el incidente con el ciudadano iraní deportado por presuntas conspiraciones terroristas logró modificar en varios aspectos el discurso del vecino del norte y en declaraciones de diversos funcionarios se manifestó que la mayor preocupación en cuanto a política externa era el problema del narcotráfico, con esto se percibe entonces que la estrategia no cambiará y que seguramente se recrudecerá esta violenta guerra con los narcotraficantes.
Dependiendo de el grado de paranoia que se tenga, se puede pensar que esta situación fue o no planeada desde Washington, lo cierto es que la dirección que se tome no solo en lo que resta de la presente administración sino también por el gobierno entrante estará definida en gran medida por los intereses y las directrices del gobierno norteamericano.•